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“Lo que el viento se llevó: Migración Internacional”

Recientemente, se ha publicado en la revista Global and Planetary Change un artículo acerca de la relación del cambio climático con las migraciones a lo largo del planeta (Gone with the wind: International migration. Wesselbaum, D.; Aburn, A. Universidad de Otago, Nueva Zelanda). En dicho artículo se han analizado las principales causas que provocan la migración de la población hacia otras áreas geográficas.

Este artículo documenta los determinantes que provocan la migración a 16 países miembros de la OCDE desde 198 países de origen entre los años 1980 y 2015. Para ello, en primer lugar, lleva a cabo un análisis de las fuerzas motrices que inciden sobre la migración analizando año tras año las variaciones en las migraciones y los efectos a largo plazo. En segundo lugar, analiza la respuesta dinámica de la migración a los eventos determinantes. Tras este análisis llega a la conclusión de que las variables climáticas son determinantes en los flujos migratorios.

A través de los procesos de cálculo llevados a cabo, se pone en relieve que la migración es una estrategia de adaptación para hacer frente a las amenazas del cambio climático. Concretamente, la combinación de las temperaturas más altas y el aumento de la incidencia de los desastres son los principales indicadores que indicen sobre la migración. «El cambio climático es más importante para las migraciones que los factores económicos y políticos en los países de origen» ha afirmado Wesselbaum D[1]. En los países en los cuales la agricultura supone el principal modo de vida sufren en mayor medida el incremento de las temperaturas debido al cambio climático y en consecuencia, se dan más procesos de migración.

Teniendo en cuenta la abrumante evidencia de los efectos adversos del cambio climático en el futuro, todo indica que los flujos migratorios seguirán sufriendo sus consecuencias. Las conclusiones de este estudio acarrean importantes conclusiones para el debate actual sobre la migración. Es por esto que este estudio puede constituir un punto de partida para desarrollar herramientas políticas que hagan frente a las consecuencias derivadas de la migración. Por el momento y a corto plazo, este estudio pone en evidencia la necesidad de los gobiernos nacionales de desarrollar unas políticas de inmigración más flexibles y de fomentar la colaboración internacional. De esta forma se pretende conseguir una respuesta equitativa entre todos los países a los desastres relacionados con el cambio climático.

A largo plazo, se deberían establecer mecanismos de adaptación para hacer frente a los efectos del cambio climático en la migración. A continuación, se enumeran los más destacados:

  • Reforzar las infraestructuras de rescate
  • Mejorar los sistemas de alerta temprana por desastre
  • Limitar los cambios de uso del suelo
  • Potenciar las inversiones en infraestructuras
  • Mejorar la producción agrícola
  • Aumentar las redes de seguridad social

Como conclusión, se pone en relieve que la rapidez en la creación de políticas es crucial para limitar los efectos en los países de origen y, en consecuencia, en la migración.

Fuente: Aburn, A., & Wesselbaum, D. (2017). Gone with the Wind: International Migration

[1] https://www.eldiario.es/sociedad/desplazados-cambio_climatico-refugiados_climaticos-ciencia_0_900110505.html

Climate Update by Copernicus – March 2019: Los efectos del cambio climático se aceleran

Copernicus, el Sistema de Observación de la Tierra de la Unión Europea, publica cada año nuevos e interesantes datos sobre el estado del clima en Europa. Hace un par de semanas presentó su nuevo informe, que indica que 2018 fue uno de los tres años más cálidos en Europa. Desde finales de primavera y hasta otoño, el norte y centro de Europa experimentaron un clima excepcionalmente cálido: las temperaturas fueron las más altas desde, al menos, 1950.

Las temperaturas registradas fueron mayores de la media en todas las estaciones y el último verano fue el más cálido de la historia, con 1,2ºC por encima de lo habitual, lo que evidencia la tendencia del calentamiento en las últimas cuatro décadas.

En líneas generales, Europa ha sido uno de los continentes con un tiempo más extremo durante 2018. Después de un par de meses de frío intenso, la nota dominante ha sido el calor y la sequía en el norte y el centro de Europa y las fuertes precipitaciones en torno al Mediterráneo.

El informe también destaca que las zonas del norte y del centro de Europa sufrieron un prolongado periodo de sequía. Las precipitaciones estacionales fueron inferiores al promedio habitual en casi un 80% en primavera, verano y otoño, lo que abarca todo el periodo de vegetación y de recolección. Esta situación se tradujo en pérdidas agrícolas (algo que compromete los avances logrados para acabar con la malnutrición), restricciones al uso del agua y un caudal reducido en los ríos.

A medida que las temperaturas aumentaban durante el año, también lo hacía la duración de la insolación. Ciertas regiones del centro y norte de Europa experimentaron hasta un 40% más de horas de insolación en comparación con la media, y Alemania registró el número de horas de sol más elevado desde que existen registros.

Por otro lado, aunque las precipitaciones extremas se situaron por debajo de la media, se produjeron varios fenómenos extremos, entre los que destacan el huracán Leslie, que alcanzó la Península Ibérica en octubre y provocó lluvias intensas e inundaciones en el norte de España y en el suroeste de Francia.

En 2018, Europa también experimentó varios periodos fríos a principios del año que afectaron a buena parte del continente, y febrero y marzo fueron los únicos meses en los que se dieron temperaturas inferiores a la media. Se produjeron fuertes nevadas en extensas áreas de Europa, incluido el Reino Unido.

En cuanto al riesgo de incendios se situó muy por encima de la media en un gran número de regiones del norte de Europa, especialmente en los países escandinavos y alrededor del mar Báltico. Así, los incendios forestales en Suecia (que alcanzaron más de cincuenta) fueron catalogados como «los más graves de la historia moderna». Una situación sin precedentes en la que ardieron más de 20.000 hectáreas. En consecuencia, el norte de Europa registró los niveles anuales de emisiones derivadas de incendios forestales más elevados desde 2003.

El informe también incluye datos sobre los tres principales gases de efecto invernadero: el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O). El aumento de los flujos en superficie netos de estos gases se ha ido incrementando en las últimas décadas, tendencia que se mantuvo en 2018.

Gracias a programas como Copernicus, que ofrece información actualizable, fiable, intuitiva y de libre acceso, se pone de manifiesto las consecuencias del cambio climático a nivel global, y con ello se ayuda a la toma de conciencia sobre el estado de nuestro planeta.

 

Fuente: Climate Change Service

La Amazonia y su propia temporada de lluvias

Un nuevo estudio publicado en Journal Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, señala que la selva amazónica genera su propia lluvia a partir de la transpiración vegetal. Con este nuevo hallazgo se comienza a comprender por qué la deforestación está estrechamente ligada a la reducción de las lluvias.

Figura 1. Amazonía Peruana. Grandes áreas dentro de la selva amazónica han sufrido una gran deforestación a lo largo de las últimas décadas. La mayor parte de la deforestación es causada en los últimos años por la agricultura en pequeña escala, según el Proyecto de Monitoreo del Amazonas Andino. Las imágenes muestran un área ubicada a 40 kilómetros al noroeste de Pucallpa a lo largo del río Aguaytia. Un color verde exuberante domina la imagen de 1986 (izquierda), mientras que la tierra deforestada es color verde claro o rosa en la imagen de 2016. Dos grandes plantaciones de palma aceitera dominan la imagen de 2016.

Ha sido un interrogante frecuente entre la comunidad científica explicar por qué el inicio de la temporada de lluvias en la Amazonía es el detonante en otros territorios, considerando que en la mayoría de las regiones tropicales dos factores controlan la estacionalidad lluviosa: El Monzón y la Zona de Convergencia Intertropical. El primer factor, es un viento estacional que se produce por el desplazamiento del cinturón ecuatorial (en verano, los vientos soplan de sur a norte, cargados de lluvias. En invierno, son vientos del interior que vienen secos y fríos). El segundo factor es un cinturón de vientos alisios convergentes (corriente de aire que se mueve entre los trópicos alrededor del ecuador) que cambia al norte o al sur con las estaciones. El sur de Amazonas experimenta ambos. Pero estos no ocurren hasta diciembre o enero, mientras que la temporada de lluvias en la selva comienza a mediados de octubre; dos o tres meses antes.

Con datos de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la misma agencia, desarrolló una técnica para analizar un isotopo en particular: el deuterio. En el estudio compararon la presencia del isotopo en la atmósfera y en el agua de tierra firme (isótopos más ligeros, como los de la atmósfera, se evaporan más fácilmente que los isótopos más pesados, como los presentes en el agua de tierra firme), detectando igual cantidad tanto en el agua que todavía está en el suelo como en la atmósfera. Esto significa que el agua que transpiran las plantas, tienen la misma cantidad de deuterio que el agua que todavía está en el suelo.

En consecuencia, durante la transición de la estación seca a la húmeda, el agua transpirada por los bosques se convierte en una importante fuente de humedad para la atmósfera para así dar paso a la estación lluviosa. Se cree que con el mecanismo, los bosques regulan su propio crecimiento.

Figura 2. Represa Samuel. Se encuentra a lo largo del río Jamari en Rondonia, Brasil. Estas imágenes muestran el área en 1984, poco después de la construcción de la represa hidroeléctrica, y en 2011. El embalse creado por la presa inundó el bosque aguas arriba y desplazó a muchas personas. También es evidente en las imágenes la deforestación que ha afectado gran parte de la región.

Sin embargo, la estacionalidad ha estado cambiando en las últimas décadas. Actualmente las lluvias en el Amazonas meridional comienza ahora casi un mes más tarde de lo que lo hizo en los años 70. Si la estación seca en el Amazonas llega a ser más larga a siete meses, el bosque ya no recibirá suficiente lluvia para mantener los árboles vivos y la región pasará a ser una llanura herbácea.  Actualmente, en una gran fracción de la Amazonía meridional, la estación seca es sólo unas semanas más corta en promedio que este umbral de transición, desembocando en daños irreversibles. La pérdida del ecosistema forestal amazónico podría aumentar las sequías en la región y potencialmente interrumpir patrones de lluvia en sitios tan lejanos como el Estado de Texas (Estados Unidos de América).

Las razones para el inicio tardío de las lluvias no se entienden completamente, pero este nuevo estudio añade evidencia a la idea de que la deforestación está desempeñando un gran papel. La reducción de los árboles disponibles para producir humedad reduce las posibilidades de formación de nubes al disminuirse la transpiración.

Fuentes:

El factor humano y el aumento de la temperatura de la Tierra

En las últimas seis décadas, las actividades humanas han impulsado tasas de cambio excepcionalmente rápidas en el Sistema Terrestre. Ahora las actividades antropogénicas rivalizan con las grandes fuerzas de la naturaleza, lo cual ha llevado a la propuesta de que la Tierra ha entrado en una nueva época geológica – el Antropoceno. Si bien se han recopilado datos sustanciales en apoyo de la propuesta antropocénica, lo que falta es un marco conceptual de orden superior de la evolución del Sistema Tierra en el que el Antropoceno puede compararse con otros cambios en la historia de la Tierra. Para ello, científicos de la Australian National University han propuesto una «ecuación antropocénica».

Se basan en datos de los últimos 7.000 años (Holoceno), en los cuales las fuerzas naturales que han impulsado el cambio en el sistema terrestre han sido astronómicas -cambios en la intensidad solar y cambios sutiles en los parámetros orbitales-, fuerzas geofísicas y actividades internas como los volcanes, provocando un aumento de la temperatura de 0,01ºC por siglo. Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre en los últimos 45 años (desde 1970 se ha evidenciado una fluencia superior en el clima) han aumentado la temperatura en 1,7ºC por siglo, valor muy superior al ratio de origen natural.

Fuente: Berkley Earth. Surface Temperature animation

Al constatar esta evidencia, los investigadores han desarrollado una ecuación estimando que la Actividad Humana, a la que denominan el Factor H, se ha convertido en la principal fuerza que influye sobre el medio ambiente del planeta. La ecuación integra elementos como el aumento de la población humana, los modos de vida (especialmente el consumo de masas) y la tecnología.

Integrando todos estos elementos en una fórmula se descubre que la actividad humana ha modificado las condiciones naturales de la vida en la Tierra por ejemplo mediante el calentamiento de la superficie terrestre hasta 170 veces más deprisa de lo que lo hacen las condiciones naturales y en consecuencia provocando un nivel promedio del mar más alto que en los últimos 115.000 años.

Más información pinchando en la siguiente imagen.

Índice de adaptación global

El cambio climático es una de las mayores amenazas que ha enfrentado la humanidad. La Universidad de Notre Dame (Estados Unidos) ha desarrollado una iniciativa de adaptación global: el ND-Gain Country Index; enfoque basado en datos (45 indicadores en 192 países) para mostrar qué países están mejor preparados para hacer frente a los cambios globales provocados por el hacinamiento, las limitaciones de recursos y el cambio climático.

El índice apunta a incentivar soluciones globales de adaptación en las comunidades corporativas y de desarrollo para salvar vidas y mejorar los medios de subsistencia. El objetivo de la iniciativa es “ayudar a las empresas y al sector público a priorizar mejor las inversiones para una respuesta más eficaz a los retos globales inmediatos que se avecinan”.

En su más reciente actualización (enero de 2017) ha publicado nuevos datos de los países, clasificándolos en cuatro niveles: superior o muy alto, medio alto, medio bajo y bajo.

A continuación las 10 primeras y últimas posiciones:

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España se encuentra en el puesto 27, y en Latinoamérica, el país mejor preparado para enfrentar el cambio climático es Chile, que ocupa el puesto número 30, ambos a un nivel medio alto, seguido bastante más lejos por México (68), Colombia (72) o Brasil (75).

En los siguientes mapas se puede apreciar la evolución del índice desde 1996, el cual, más que un ranking, muestra la preparación que ha tenido el mundo para hacerle frente al cambio climático.

Año 1996

Año 2006

Año 2015