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COVID-19 y Acción Climática. Vínculos y lecciones aprendidas

La pandemia del Coronavirus se ha convertido en el mayor desafío sanitario a nivel global conocido hasta ahora, afectando severamente los sistemas socioeconómicos de los países. La toma de decisiones de cara a la necesaria recuperación de los grandes impactos generados da lugar a una serie de reflexiones importantes vinculadas a la problemática del Cambio Climático, que es sin duda la mayor amenaza global a la que el mundo debe hacer frente decididamente y sin demoras.

Las consecuencias sanitarias del Cambio Climático

La gestión de la salud como sistema está vinculada y exige el continuo apoyo de actuaciones que permitan a las personas desarrollar sus vidas en un ambiente con aire puro, agua limpia, suficientes alimentos, una temperatura tolerable, protección contra la radiación ultravioleta solar y altos grados de diversidad biológica.

Entre las muchas consecuencias del Cambio Climático, destacan los impactos directos e indirectos sobre la salud humana. Los eventos climáticos extremos, tales como olas de calor y de frío, inundaciones, o sequías recurrentes), además de ocasionar daños personales y materiales, exacerban otros problemas de salud ambiental, tales como la calidad del aire o la aparición enfermedades por vectores, además de comprometer la seguridad alimentaria. Estos impactos son más evidentes allí donde los sistemas de saneamiento son deficitarios, convirtiéndose poblaciones pobres y con acceso limitado a los servicios médicos en las más susceptibles.

Por otro lado, el aumento de los valores medios de temperatura, junto con una inadecuada gestión de la biodiversidad y los recursos naturales, puede llevar consigo un cambio en los patrones de enfermedades infecciosas y sus respectivos vectores. La situación con el Coronavirus es el tercer ejemplo de como un virus ha cruzado sus hipotéticas barreras naturales, como ya ocurrió con el SARS y el MERS. La posibilidad de nuevos eventos igual o más severos no sería inesperada.

Teniendo en cuenta el desequilibrio en los ecosistemas naturales que la actividad humana está generando y que son cada vez más patentes, deben crearse escenarios de actuación para futuras crisis similares que puedan producirse. Esto requiere construir resiliencia ante posibles eventos futuros.

Algunas de las medidas de adaptación al cambio climático pueden ayudar a resolver crisis sanitarias globales, en las que además, el impacto socioeconómico no es igual en todas partes, sino que las poblaciones vulnerables y más subdesarrolladas serán las más afectadas.

Acción Climática como eje de construcción de resiliencia

Entre las medidas de adaptación que los países y regiones están planteando para proteger la salud humana frente a los potenciales impactos climáticos cabe citar el desarrollo de planes de actuación en salud pública basados en sistemas de alerta temprana que permitan identificar situaciones de riesgo antes de que éstas se produzcan, cartografía de las zonas más vulnerables para la salud humana (bajo los distintos escenarios socioeconómicos), o el desarrollo de programas de vigilancia y control específicos en enfermedades de transmisión vectorial.

A estas medidas deben sumarse todas aquellas dirigidas a garantizar la preservación del patrimonio natural y la biodiversidad, la seguridad alimentaria, la correcta gestión de los recursos hídricos, la capacidad de las infraestructuras y otro tipo de estrategias que favorecen la resiliencia de los sistemas ante los embates de peligros impredecibles y de consecuencias aún no bien calibradas de forma general.

La recesión global provocada por el coronavirus podría socavar la transición hacia una economía verde al anteponer las soluciones a corto plazo para la crisis sanitaria y olvidando la crisis climática que persistirá a largo plazo, en el caso de no actuar decididamente. Sin embargo, deberían priorizarse medidas de recuperación económica que cumplan con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y ayuden a gestionar futuros riesgos.

Para conseguir cero emisiones netas al 2050, y para limitar el calentamiento global a 1.5 grados centígrados, los países deben reducir urgentemente las emisiones en aproximadamente un 50% para 2030 y descarbonizar la economía global a través de una transición justa. Un aumento medio de la temperatura global por encima de 1.5 o 2 ° C crearía riesgos que la economía global no está preparada para soportar, tal y como advierte claramente el informe especial publicado por el IPCC en este sentido.

El enfoque en la infraestructura sostenible y resiliente debe guiar la recuperación económica y es un pilar fundamental para el cumplimiento de los ODS. Son necesarias inversiones en infraestructura resiliente para garantizar la alta demanda de infraestructura que garantice un crecimiento justo e inclusivo. Esta nueva infraestructura de transporte, vivienda y telecomunicaciones es necesaria por cuestiones demográficas, climáticas y sanitarias, y debe plantearse de forma transversal a todas ellas: con una transición hacia una economía baja en carbono, enfocada al uso de energías renovables y alta eficiencia energética.

Todos los sistemas ecológicos y socioeconómicos indispensables para el desarrollo y bienestar del ser humano, también para la salud, son sensibles a la evolución del cambio climático. Los efectos proyectados del cambio climático para la salud son una clara amenaza para el desarrollo sostenible, especialmente en las naciones más pobres del mundo, por lo que deberían ser un argumento suficiente para acelerar las negociaciones a gran escala con respecto a Acción Climática.